Literatura y Tenis

Publicado por Carlos Cerdeña el 20.08.2011, en la categoría Literatura
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La ilustración es cojonuda, eso no me lo podéis negar
Ay, qué abandonados os tenemos. El verano está afectando al ya de por sí escaso ritmo de publicaciones de este blog, pero volveremos a ponernos en marcha poco a poco. Esta entrada va a ser cortita para que no os canséis, ya que su finalidad última (además de ver la ilustración preciosa de arriba) es que pinchéis en el link que voy a recomendar al final. Touré1 escribió para el NYT hace unas semanas un artículo sobre un tema que los habituales de Dioptrías habéis comprobado que nos apasiona: la relación entre literatura y tenis. El texto plantea un hipotético campeonato llamado ‘Intertemporal Tennis Writers Classic’ en el que se enfrentan los literatos que mejor han escrito sobre el deporte. En la semifinal están Nabokov, Amis, John McPhee y David Foster Wallace. Merece la pena echarle un ojo.

  1. Al que desde aquí declaro mi amor absoluto al ver el nombre de su próximo libro: Who’s Afraid of Post-Blackness?: What It Means To Be Black Now [volver arriba]

¿Quién es el protagonista de un libro?

Publicado por Dioptrías el 19.12.2010, en la categoría Del leer y del escribir
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Hace bien poco hablábamos aquí del lector medio y sus cosas y, comentando esta entrada, llegamos a un a pregunta que nos pareció muy interesante: ¿quién demonios es el protagonista en un libro y, más exactamente, en una novela? ¿Es el argumento, el lector, el personaje principal, el estilo, el autor? Así, nos propusimos poner en claro entre los tres dióptricos cuáles eran nuestras ideas al respecto y, de paso, trasladar la pregunta a aquellos (pocos, pero buenos y muy queridos) que nos leéis. A continuación tenéis nuestras tres respuestas, siempre provisionales, y en los comentarios esperamos leer las vuestras.

— Víctor Manuel Martínez:

No sabía ya por dónde empezar a escribir sobre quién es verdaderamente el protagonista de un libro cuando una persona muy cercana a mí, y que cuenta con una inteligencia práctica diez mil veces superior a la mía, me habló de una tienda cercana al lugar donde estábamos en ese momento; le pregunté si vendían libros y me dijo que vendían libros de fotografía, de los que a ella le gustan, aunque —se lo pensó mejor durante unos instantes— también vendían libros de palabras, de los que me gustan a mí. Libros de palabras: tan sencilla era la respuesta que estaba buscando.

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El secreto de Dolores

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 31.08.2010, en la categoría Literatura
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Una vez discutí durante horas sobre Lolita —o así de larga me parece aquella discusión en el recuerdo— con alguien que detestaba aquel libro. Ahora veo que mi defensa enardecida de la novela era justa y bienintencionada, pero que le faltaba brillantez. Y la brillantez la he encontrado en este maravilloso texto de Roberto Calasso, en el que nos explica a todos cómo es eso de que Lolita no va de un pederasta obsesionado con una retorcida niña de doce años:

«Nymphe significa “muchacha preparada para casarse” y “venero de agua”. Cada uno de estos significados es la vaina del otro. Acercarse a una Ninfa significa ser presa, quedar poseído de algo, sumergirse en un elemento blando y móvil que puede revelarse, con igual probabilidad, glorioso o funesto. (…) Nada es más terrible ni más precioso que el saber que proviene de las Ninfas. Pero ¿cuál es la naturaleza de sus aguas? Sólo se nos insinúa en el paganismo tardío, cuando Porfirio, en su Gruta de las Ninfas, cita un himno a Apolo en el que se habla de las noerôn hydáton, de las “aguas mentales” que las Ninfas presentaron en ofrenda a Apolo. Conquistadas, las Ninfas se ofrecen a sí mismas. Ninfa es la estremecida, oscilante, centelleante materia mental de la que están hechos los simulacros, los eídola [ídolos]. Es la materia misma de la literatura. Cada vez que se acerca la Ninfa, vibra aquella materia divina que se plasma en las epifanías y se instala en la mete, potencia que precede y sostiene a la palabra. Desde el momento en que aquella potencia se manifiesta, la forma la sigue y se adapta, se articula según aquel flujo.

»La última celebración grandiosa y resplandeciente de las ninfas se encuentra en Lolita, historia de un nimphóleptos, el profesor Humbert Humbert, “cazador encantado”, que entra en el reino de las Ninfas siguiendo un par de calcetines blancos y unas gafas en forma de corazón. Nabokov, que era un maestro en el arte de diseminar en sus libros secretos tan evidentes y visibles que nadie los veía, expone desde las primeras diez páginas de la novela los motivos de su desgarrado, suntuoso homenaje a las Ninfas (…).

»La verdad esotérica de Lolita prefirió expresarla Nabokov en una breve frase encerrada como una astilla de diamante en el devenir de la novela: “la ciencia de la ninfolepsia es muy precisa”. No dice, empero, que esa “ciencia muy precisa” era precisamente aquella que él siempre había practicado, más aún que la entomología: la literatura».

Enamorarse de Lo es enamorarse del simulacro, de lo que parece pero no es, de la imagen de un ídolo que no puede recomponerse, de algo cuyo sentido no puede agotarse porque no puede tomar una forma definitiva. Humbert persigue dormir a la ninfa, encerrarla en una cápsula que le permita adueñarse de ella, como el poeta persigue atrapar la palabra justa y cristalizarla en el poema.

Lolita es una larga y torturada carta de amor a la literatura.

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