El secreto de Dolores
Una vez discutí durante horas sobre Lolita —o así de larga me parece aquella discusión en el recuerdo— con alguien que detestaba aquel libro. Ahora veo que mi defensa enardecida de la novela era justa y bienintencionada, pero que le faltaba brillantez. Y la brillantez la he encontrado en este maravilloso texto de Roberto Calasso, en el que nos explica a todos cómo es eso de que Lolita no va de un pederasta obsesionado con una retorcida niña de doce años:
«Nymphe significa “muchacha preparada para casarse” y “venero de agua”. Cada uno de estos significados es la vaina del otro. Acercarse a una Ninfa significa ser presa, quedar poseído de algo, sumergirse en un elemento blando y móvil que puede revelarse, con igual probabilidad, glorioso o funesto. (…) Nada es más terrible ni más precioso que el saber que proviene de las Ninfas. Pero ¿cuál es la naturaleza de sus aguas? Sólo se nos insinúa en el paganismo tardío, cuando Porfirio, en su Gruta de las Ninfas, cita un himno a Apolo en el que se habla de las noerôn hydáton, de las “aguas mentales” que las Ninfas presentaron en ofrenda a Apolo. Conquistadas, las Ninfas se ofrecen a sí mismas. Ninfa es la estremecida, oscilante, centelleante materia mental de la que están hechos los simulacros, los eídola [ídolos]. Es la materia misma de la literatura. Cada vez que se acerca la Ninfa, vibra aquella materia divina que se plasma en las epifanías y se instala en la mete, potencia que precede y sostiene a la palabra. Desde el momento en que aquella potencia se manifiesta, la forma la sigue y se adapta, se articula según aquel flujo.
»La última celebración grandiosa y resplandeciente de las ninfas se encuentra en Lolita, historia de un nimphóleptos, el profesor Humbert Humbert, “cazador encantado”, que entra en el reino de las Ninfas siguiendo un par de calcetines blancos y unas gafas en forma de corazón. Nabokov, que era un maestro en el arte de diseminar en sus libros secretos tan evidentes y visibles que nadie los veía, expone desde las primeras diez páginas de la novela los motivos de su desgarrado, suntuoso homenaje a las Ninfas (…).
»La verdad esotérica de Lolita prefirió expresarla Nabokov en una breve frase encerrada como una astilla de diamante en el devenir de la novela: “la ciencia de la ninfolepsia es muy precisa”. No dice, empero, que esa “ciencia muy precisa” era precisamente aquella que él siempre había practicado, más aún que la entomología: la literatura».
Enamorarse de Lo es enamorarse del simulacro, de lo que parece pero no es, de la imagen de un ídolo que no puede recomponerse, de algo cuyo sentido no puede agotarse porque no puede tomar una forma definitiva. Humbert persigue dormir a la ninfa, encerrarla en una cápsula que le permita adueñarse de ella, como el poeta persigue atrapar la palabra justa y cristalizarla en el poema.
Lolita es una larga y torturada carta de amor a la literatura.

