La breve y divina crítica literaria (III)

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 21.01.2012, en la categoría Del leer y del escribir, Literatura
21:

Excluiremos apenas las dos o tres ocurrencias del adjetivo “francés” en este delicioso texto de Julien Gracq1 sobre la pertinaz motivación de los autores consagrados —sea lo que fuere que quiera decir tal etiqueta—:

…porque al escritor le parece que él existe no tanto porque lo lean cuanto porque «hablen de él». Tiene que hostigar continuamente a la prensa, siempre dispuesta a amodorrarse (y no tanto a la crítica como a los ecos de sociedad, que son su suprema recompensa); hay que mantener las lenguas en vilo. Un ansioso, un jadeante «¡Aquí estoy! Que estoy aquí, que aquí sigo» es a veces lo más patético que expresan, para una mirada mínimamente avispada, las páginas de algún que otro novelista famoso, a las que, de repente, nos sentimos en disposición de desearles que la tierra les sea leve: no es nada grave, por lo demás, o, al menos, no es forzosamente, que no tenga ya nada que decirnos; pero es que es su libro anual, es que de lo que se trata es de echar las campanas al vuelo, de impedir que su presencia prescriba.

Que cada cual elija el ejemplo que más rabia le dé. Nosotros no podemos evitar pensar —actualidad obliga— en Luci y otros chicos del montón.

  1. Gracq, J.: La literatura como bluff, Barcelona, Nortesur, 2009, p. 33. [volver arriba]

Posición y momento

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 23.10.2011, en la categoría Del leer y del escribir
23:

«¿Por qué escribir? (…) Cuando empecé a escribir, lo que buscaba, me parece, era materializar el alcance y la profundidad de una cierta efervescencia imaginativa que carecía de forma concreta, como si gritase en el interior de una cueva para medir sus auténticas dimensiones basándome en el eco. (…) En ocasiones, el escritor quiere, solo y simplemente, escribir.

(…) ¿Para qué negarse a admitir que la escritura aparece solo raramente asociada a un impulso completamente autónomo? Uno escribe porque otros han escrito antes y, después, por el simple y mero hecho de que ya ha empezado a escribir. La auténtica pregunta sería qué impulsó a la primera persona que se dio a tal empeño, lo que equivale a decir, en esencia, que la cuestión carece de sentido. (…) El hecho que realmente requeriría ser explicado convenientemente es el de quien deja de escribir»1.

Decía Albert Camus que la única pregunta filosóficamente relevante era ¿por qué no el suicidio?, y un cierto paralelismo puede trazarse entre el carácter fundamental de esa pregunta y las que lanza Julien Gracq en este par de párrafos mal citados. La preocupación máxima de la escritura, como la de casi todas las artes de un tiempo a esta parte, es la cuestión de sus propias condiciones de posibilidad: ¿por qué escribir?, ¿por qué seguir escribiendo?, y ¿por qué dejar de escribir?; preguntas todas que se aúnan en la todavía más imponente ¿qué demonios es eso de escribir?. Y, de la misma manera en que contestar por qué no nos hemos suicidado esta misma mañana implica dar cuenta de toda una serie de posiciones y decisiones vitales, ideológicas, ontológicas y existenciales, intentar contestar a las preguntas de Gracq nos sitúa necesariamente ante la toma de posición definitiva, por definitoria, del escritor.

Por supuesto, sería una ingenuidad —y creemos que Gracq era perfectamente consciente de ello— pensar que esas preguntas pueden contestarse antes de comenzar a escribir, o que se puede contestar a ellas de otra manera que no sea, precisamente, escribiendo. Uno se encuentra ante la necesidad de darles respuesta cuando ya ha empezado a escribir, de manera que toda toma de posición llega necesariamente tarde, cuando el juego está ya mediado y las posiciones han sido ya de alguna manera ocupadas, quizás a contramano.

Y, así, la cuestión fundamental de la escritura no hace sino imitar la esencia misma de la escritura: la de consistir en la respuesta a una pregunta que ya estaba antes y a la que siempre se llega después, armado con respuestas que se quedarán siempre más allá y más acá del sentido, que tendrán siempre más de un sentido o un poco menos de uno. Es esta precariedad, este inevitable demasiado y demasiado poco, es precisamente el mejor seguro de vida de la literatura: en el improbable e indeseable caso de que se alcanzase un equilibrio definitivo entre el exceso y el defecto de sentido, la literatura, que —como dice el mismo Gracq, siguiendo a Hegel: ambos obsesionados por el movimiento— fue el último arte en florecer, acabaría por ser también el primero en desaparecer.

  1. Gracq, J.: Reading, writing, Turtle Point Press, New York, páginas 171-172. La traducción es nuestra, pero hay traducción castellana en Fuentetaja. [volver arriba]

Es muy fácil, si lo intentas

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 19.06.2011, en la categoría Del leer y del escribir
19:

Explica Julien Gracq el auge de la crítica novelesca y su preponderancia sobre el resto de las formas de crítica literaria:

«El mecanismo novelesco es tan preciso y sutil como el mecanismo de un poema, pero en razón de las dimensiones de la obra, y a diferencia de un soneto, pongamos por caso, desanima a un trabajo crítico completo. Así pues, dado que la complejidad de un análisis verdadero excede las posibilidades del intelecto, la crítica de novelas solo trabaja sobre mecanismos intermedios o arbitrarios, grupos simplificadores muy vagos y tomados en masa: escenas o algunos capítulos, por ejemplo, en lugar de un análisis palabra a palabra, como el que es habitual en un crítico de poesía. Y sin embargo, si la novela vale la pena, su avatar transcurre línea a línea, y debería discutirse línea a línea. No hay más “detalles” en una novela que en cualquier otra obra de arte, aunque su masa así parezca sugerirlo, y también el prejuicio (muchas veces acertado) de que el novelista no ha podido controlarlo todo. Por eso los críticos que resumen, agrupan y simplifican, pierden todo derecho a ser tomados en serio y arruinan su crédito, en este género, y en todos los demás»1.

A lo que no añadiremos más.

  1. Gracq, J.: Leyendo escribiendo, Fuentetaja, Madrid, 2005. [volver arriba]

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