Libros y dioptrías

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 31.05.2010, en la categoría Del leer y del escribir
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Tres cosas preocupan por igual al lector y al escritor: tiempo, espacio, luz.

El escritor vive acechado por la obsesión con el tiempo, pues la escritura no es otra cosa que tiempo convertido en manchas negras sobre el papel. El escritor trabaja agazapado por la dominación del espacio: debe encajar en las dos dimensiones de la legibilidad una realidad que desborda siempre a las palabras. El escritor necesita, como el arquitecto, conquistar la luz, dominar el hilo entre los conceptos y las voces que nos permiten a todos habitar entre los párrafos de un libro. Tiempo, espacio, luz: tres raíces para la escritura que exigen al escritor acostumbrarse al fracaso.

Al lector, en cambio, le preocupa la fugacidad, la escasez, la tacañería del tiempo. No hay tiempo para todos los libros, aunque los libros se acaben y el tiempo no: la vida no está hecha para los libros, que obligan a detenerse, a dejar todo lo demás y deambular por las líneas, en busca de no se sabe muy bien qué. Tampoco hay espacio para todos los libros. Cada centímetro de la estantería es precioso y la acumulación es el sueño dorado y la pesadilla del bibliómano. Tampoco hay luz para todos los libros. El lector está atrapado en una carrera contra la ceguera posible y futura. Tiempo, espacio, luz: tres criterios que obligan al lector a seleccionar, a elegir y a dejar de lado muchos libros.

¿Qué libro merece mi tiempo? ¿Qué libro merece mi espacio? ¿Qué libro merece beberse la gelatina vidriosa que rellena mis ojos?

Para quien escribe y lee eso es lo que abunda en la colección de lo escrito y leído: fracasos y dioptrías. Aprendamos de éstas para sobrevivir a aquéllos.

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