La breve y divina crítica literaria (III)
Excluiremos apenas las dos o tres ocurrencias del adjetivo “francés” en este delicioso texto de Julien Gracq1 sobre la pertinaz motivación de los autores consagrados —sea lo que fuere que quiera decir tal etiqueta—:
…porque al escritor le parece que él existe no tanto porque lo lean cuanto porque «hablen de él». Tiene que hostigar continuamente a la prensa, siempre dispuesta a amodorrarse (y no tanto a la crítica como a los ecos de sociedad, que son su suprema recompensa); hay que mantener las lenguas en vilo. Un ansioso, un jadeante «¡Aquí estoy! Que estoy aquí, que aquí sigo» es a veces lo más patético que expresan, para una mirada mínimamente avispada, las páginas de algún que otro novelista famoso, a las que, de repente, nos sentimos en disposición de desearles que la tierra les sea leve: no es nada grave, por lo demás, o, al menos, no es forzosamente, que no tenga ya nada que decirnos; pero es que es su libro anual, es que de lo que se trata es de echar las campanas al vuelo, de impedir que su presencia prescriba.
Que cada cual elija el ejemplo que más rabia le dé. Nosotros no podemos evitar pensar —actualidad obliga— en Luci y otros chicos del montón.
- Gracq, J.: La literatura como bluff, Barcelona, Nortesur, 2009, p. 33. [volver arriba]


A mí siempre me ha parecido que Arturo Pérez Reverte no tiene quien le escriba y por eso siempre sus posiciones sean tan sumamente gilipollescas. Sea cual sea el tema del que tiene que darnos su opinión nunca tiene una posición moderada o intermedia. O está en un extremo o está en el opuesto. Con balas y bilis que para eso ha sido reportero de guerra. Y el sabe más y mejor que nadie. De todo.
Esto que comento no debería ser ningún inconveniente si hablásemos de mí porque soy un gilipollas recalcitrante que lo lleva en los genes, lo sabe y lo asume. Pero en el caso del Señor T – evidentemente he tirado de wikipedia para obtener dicha información – me toca especialmente la moral ya que desde su púlpito semanal (XL) su monserga llega a más mentes de las que debiera, si podemos llamar mentes a los seres que leen su columna semanalmente (XL).
Por cierto Perez Reverte es el Mr T de la lengua española. Intentad no reír o llorar cada vez que se os cruce por la sesera.