Rebajas literarias

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 17.07.2011, en la categoría Cosas que pasan, Del leer y del escribir, Literatura
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No somos en Dioptrías muy de comentar la actualidad literaria, pero hace muy poco llegó a nuestros oídos que Umberto Eco planea reescribir El Nombre de la Rosa para hacerla más accesible a las nuevas tecnologías y más fácil de leer para los nuevos lectores. Este asunto no nos ha dejado indiferentes y nos ha hecho plantearnos ciertas preguntas que, en realidad, son las que traemos siempre a cuestas por aquí.

Esto de que Eco nos salga ahora con una especie de versión light de El Nombre de la Rosa ha sido doblemente inesperado. En primer lugar, y se trata aquí de una cuestión externa a la propia novela, porque si algo hacía especial a El Nombre de la Rosa era su capacidad de llegar a un inmenso número de lectores (ha vendido más de quince millones de ejemplares), aun a pesar de ser una obra compleja, densa y extraña. La capacidad de Eco para combinar sus conocimientos de filosofía, semiótica, literatura y lógica logró montar un libro excelente en casi todos sus aspectos y, por encima de la práctica totalidad de la crítica, una enorme parte del público fue también capaz de apreciarlo. Muchos lectores no siguieron en profundidad las inacabables discusiones de los monjes acerca de las tradicionales disputas escolásticas —algo que requiere cierta formación o muchas ganas—, muchos lectores obviaron ciertos pasajes íntegramente redactados en latín, muchos lectores tuvieron que bregar con el léxico deliberadamente obtuso del texto, y muchos disfrutaron haciéndolo, en gran medida porque ese es uno de los grandes placeres de leer: uno lee para aprender, y también para aprender a leer.

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One on One

Publicado por Carlos Cerdeña el 22.06.2011, en la categoría Cosas que pasan, Literatura
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Federer
En dioptrías somos gente ecléctica y bien educada y, entre lectura y lectura, encontramos tiempo para el deporte1. Nuestras debilidades literarias ya las conocéis y de las deportivas destacan especialmente el boxeo y el tenis; esta fiebre repentina puede deberse a sendos videojuegos, como puede ser responsable la literatura de muchísimos quilates que han generado ambos deportes. También se puede argumentar la estética detrás de cada movimiento de un titán de dos metros con el torso desnudo o de un golpeo de raqueta preciso. Pero creo que hay razones más profundas.

Julio Cortázar, gran aficionado al boxeo2, afirmaba en una entrevista poco antes de su muerte que prefería los enfrentamientos individuales a los colectivos, ya que en los deportes de equipo «la responsabilidad individual se diluye, todo se diluye; alguien pudo haber jugado muy bien o muy mal pero nunca tiene la plena responsabilidad del triunfo o de la derrota.» En los combates entre dos personas (ya se desarrollen en un ring, un tablero o una pista rectangular) no cabe esconderse, no cabe la cobardía. Tan absoluto es el éxito como el fracaso. El deportista está eminentemente solo, a menudo a lo largo de varias horas, lo que justifica ese cliché del que tanto abusan los medios: la mentalidad es tan importante como el físico. Son, como dice el escritor argentino, «dos destinos que se juegan el uno contra el otro.»

Ya hemos hablado por aquí alguna vez de la soledad en la literatura, por lo que no creo que sea necesario extenderme para percibir como evidente este nexo de unión entre la literatura y los deportes individuales. En esa maravilla de dimensiones inenarrables que es Infinite Jest se habla de tenis, de adicciones, de soledad y de lo que resta de humano en la sociedad de la información. En alguna página (soy incapaz de encontrar el fragmento) David Foster Wallace habla del tenis profesional y de los errores no forzados. En los partidos de juveniles, dice DFW, puedes construir tu mecánica de juego en base a los errores no forzados del rival, basta con devolverles la pelota y, en algún momento, se pondrán nerviosos y fallarán. No ocurre así entre profesionales. Los que se dedican al tenis no cometen errores no forzados, o los cometen en cantidades tan ridículas que es imposible depender de ellos para ganar. En otras palabras, no puedes confiar en que el contrario deje de enviarte la pelota de vuelta, eres tú el que está solo en la pista. Un mano a mano con tu rival que en realidad es un tratado sobre la soledad. En este texto de DFW no aparece el tenis ni los deportes por ninguna parte, pero me gusta pensar que está ahí, agazapado tras alguna coma:

Fiction is one of the few experiences where loneliness can be both confronted and relieved. Drugs, movies where stuff blows up, loud parties — all these chase away loneliness by making me forget my name’s Dave and I live in a one-by-one box of bone no other party can penetrate or know. Fiction, poetry, music, really deep serious sex, and, in various ways, religion — these are the places (for me) where loneliness is countenanced, stared down, transfigured, treated.

  1. Más para verlo que para practicarlo, pero bueno. [volver arriba]
  2. Esta definición merece ser impresa tamaño póster y leída cien veces al día: «Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knockout. [...] No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario.» [volver arriba]

La pausa que refresca

Publicado por Dioptrías el 22.06.2011, en la categoría Cosas que pasan
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¿Acaso no os llega nuestro amor como una ola, amigos y amigas lectores de Dioptrías? ¿Nos os deseamos lo mejor y os cubrimos de parabienes en nuestras plegarias nocturnas? ¿No sois nuestros soles y estrellas? Pues precisamente por eso os vamos a recomendar la lectura de una página amiga, vecina y esporádica amante. Acaban de empezar, pero ya son allí más guapos, más altos y más listos que nosotros: se llaman Mamajuana y la suya es la revista cultural más estupenda de las que os podáis encontrar gratis por el mundo, así que echadle un ojo y decidles lo bien que les ha quedado todo. Podéis visitarles pinchando aquí.

Si les decís que vais de nuestra parte, igual os invitan a algo. Eso no lo sabemos seguro, pero por intentarlo, que no quede.

El año que vivimos literariamente

Publicado por Dioptrías el 31.05.2011, en la categoría Cosas que pasan
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Hoy hace un año que nació Dioptrías.net. En este tiempo hemos tenido la fortuna de que un pequeño pero sabroso grupo de lectores, irreductibles como galos, nos hagáis el honor de visitarnos en nuestra excursión (casi) semanal por los terrenos de nuestras preocupaciones literarias.

Aquí se ha hablado sobre todo de qué es eso de leer y de escribir, y qué hacemos cuando leemos o escribimos; dos cosas que parecen engañosamente familiares y que, quizás por eso, no siempre recogen el interés de la reflexión. Hemos intentado plantearnos por qué hacemos como escritores y lectores las cosas que hacemos, qué relación extraña mantenemos con el lenguaje y sus códigos, cómo leer ha configurado nuestro mundo y cuáles son los términos de nuestro acuerdo mutuo cuando nos plantamos ante un texto literario.

En este nuestro primer cumpleaños queremos agradeceros vuestras lecturas, vuestros comentarios y vuestro apoyo. Los tres mariachis que hacemos esto os estamos en deuda y prometemos seguir dando la matraca con estos asuntos que nos traen de cabeza.

Recibid todos un abrazo y estad preparados, porque la semana que viene tendremos (si los elementos no se conjuran en nuestra contra) entrada colaborativa: “Cine y Literatura”. Esperamos vuestros comentarios como agüita de mayo.

Hasta entonces.

El deber de estar callados

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 16.04.2011, en la categoría Cosas que pasan, Del leer y del escribir
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En un reciente artículo publicado en el New Yorker, el público más amplio ha podido hacerse consciente del revuelo que envuelve la otrora tranquila vida de George R.R. Martin, el autor de la saga de libros A Song of Ice and Fire. Con una serie de la HBO basada en su obra a punto de estrenarse, Martin está en el peldaño inmediatamente anterior a convertirse en una auténtica celebridad, puesto que actualmente su figura ha sido venerada desde hace tiempo, pero solo en los círculos relativamente cerrados de los aficionados a la literatura fantástica.

El trabajo de Martin plantea algunas dudas, y en más de una ocasión me he visto preguntado por algún amigo: ¿realmente merece la pena que empiece a leerme estos mamotretos interminables de rollo medieval y fantástico? ¿No fue ya suficiente aburrirme soberanamente con El Señor de los Anillos? En esas ocasiones, la conversación siempre gira en torno a un tema realmente interesante, porque Martin es el mejor escritor de su clase, y su obra es de lejos lo mejor que ha dado su género, pero lo que la hace buena es lo mismo que la limita: es literatura de género y es lo mejor de entre su género; lo que deja en el aire la cuestión «¿puede ser la literatura de género buena literatura, o en el mismo momento en que se convierte en literatura realmente buena, necesita superar las barreras de su género y abandonarlo?».

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Y, sin haberlo deseado…

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 21.03.2011, en la categoría Cosas que pasan, Literatura
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Hoy, veintiuno de marzo, día mundial de la poesía y los poemas, la plana mayor de Dioptrías ha decidido hacerle a la poesía el mejor regalo de que es capaz: hoy no vamos a torturarla escribiendo ni un solo verso, que la pobre no tiene la culpa.

Otrosí —amantes de la poesía como somos—, quisiéramos hacer notar lo significativo de que haya que dedicarle un día de marzo para luego poder obviarla por todo lo alto el resto del año. Se dirá que somos unos plañideros, y quizás se diga con razón.

El día del señor

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 30.01.2011, en la categoría Cosas que pasan
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Queridos lectores y amigos de Dioptrías, este domingo no habrá entrada en vuestra página amiga. La plantilla al completo está dedicada en cuerpo y alma a la lectura de Roberto Bolaño, ejercicio que recomendamos a todos sin excepción. Puede pensarse en este fenómeno como si fuese una fabulosa conjunción de planetas en la que estamos todos eclipsados bajo la sombra de un genio.

La semana que viene, empero, tendremos nuestro habitual texto dominical sobre libritos, escritorzuelos y lectorcillos.

Textófilos y bibliómanos

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 16.01.2011, en la categoría Cosas que pasan, Del leer y del escribir
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El siglo XX vio nacer, desarrollarse y perecer a todas las formas de archivo sonoro que la humanidad ha conocido1. De los cilindros de cera y derivados a los platos de pizarra, de vinilo, las cintas magnetofónicas, los compact discs y los archivos MP3. Con todo, los aficionados a la música se las han apañado para desarrollar sus modos de escucha, sus fetichismos y sus rituales particulares en función de los diferentes soportes, de modo que, incluso ante el panorama incesante de cambios en el terreno del formato, ciertas especificidades se mantienen y ciertos soportes son adorados como relucientes y paganísimos becerros de oro, resistentes al progreso y reducto inexpugnable de grupos de deliciosos y extravagantes fanáticos. Si esto sucede en un caso de tan extrema juventud como el de la música grabada, puede cada cual imaginar la resistencia numantina que un sistema de archivo textual como el libro, robustecido por el paso de dos milenios, puede llegar a ofrecer.

Las relaciones entre texto y libro son complejas: un libro es un soporte para un texto, pero no cabe duda de que un libro es más que un texto. El libro es la materialización tangible de un texto, más allá de su mera impresión en un soporte físico, porque el libro es el principio de individuación de un texto. Dos libros con el mismo texto no son el mismo libro dos veces, sino que son dos libros distintos. El libro es el medio por el que el texto deja de ser única y exclusivamente un discurso para convertirse en un personaje dentro de nuestras vidas. El libro es el medio por el que un texto es también una textura, una coloratura, un peso, un aroma, una resistencia táctil, una fuerza que se nos opone; mediante el libro el texto se convierte un objeto externo, extraño e inerte que debe ser apropiado, conquistado, con cuyo espesor tenemos que vérnoslas. La evanescencia ultraterrena del texto se contamina con la corporalidad triste y fragante de la madera, de la celulosa, la tinta, el hilo y el sudor de nuestras manos.

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  1. Por supuesto, también la música es un archivo textual, pero evidentemente este formato imprime unas condiciones de acceso complejas: hay —como en cualquier texto— que aprender a leer. Sin embargo, el código de lectura de la música, como el de la lógica formal, al no ser una codificación de un lenguaje natural, opone una resistencia mayor que el de la media de las escrituras alfabéticas. [volver arriba]

Que se joda el lector medio

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 28.11.2010, en la categoría Cosas que pasan, Del leer y del escribir, Literatura
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David Simon, el creador de The Wire, en una entrevista con la BBC, articuló el secreto del éxito artístico y literario de la serie condensándolo en una breve máxima que lo dice todo sobre la posición del escritor con respecto a su obra y su público: «fuck the average viewer», es decir, que se joda el espectador medio. Las versiones sobre esta máxima varían, pues hay quien dice que Simon se refirió a los casual viewers y no al espectador medio como tal. Sea cual fuere la formulación concreta, y aunque yo personalmente me inclino a darle más verosimilitud a la segunda, el espíritu que la anima está bastante claro y no requiere de mayores explicaciones. El caso es que hace un par de días pude escuchar esta frase citada por una ponente en el estupendo simposio sobre narratología de la UCM1 , dedicado a la nueva ficción televisiva. Esta ponente, guionista de televisión ella también y a sueldo de Globomedia, a la sazón la mayor productora de ficción del país, dijo a renglón seguido: “eso está muy bien, pero nosotros no podemos permitírnoslo. Nosotros tenemos la obligación de apelar al rango de espectadores más amplio posible”.

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  1. Uno de los participantes en el simposio —con una brillante ponencia sobre Battle Star Galactica y la conceptualización y definición de qué es una must see TV— fue un buen amigo de Dioptrías como Albiol. Desde aquí le felicitamos por su trabajo, imponente como siempre. [volver arriba]

¡Autor, autor!

Publicado por Miguel Ángel Serna Martín el 27.09.2010, en la categoría Cosas que pasan, Del leer y del escribir, Literatura
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Cuando el periodista de Le Monde Christian Delacampagne le propuso a Michel Foucault realizar una entrevista para su suplemento dominical, Foucault aceptó con una condición: la entrevista tendría que publicarse de manera anónima. No podría haber pista alguna que lo señalase como el entrevistado y el secreto habría de guardarse hasta que fuese posible. Foucault ayudó a Delacampagne a redactar las preguntas y se encargó él mismo de escribir y reescribir las respuestas. Era abril de 1980.

La entrevista comienza:

«— Permítame preguntarle, en primer lugar, por qué ha elegido usted el anonimato.

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