Un pobre concepto de lo literario

Publicado por Carlos Cerdeña el 12.01.2012, en la categoría Cine, Literatura
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Hace ya algunos meses Roland Emmerich estrenó su última película, Anonymous, en la que exploraba la llamada teoría de la conspiración. En otras palabras, ¿y si William Shakespeare no escribió las obras que tradicionalmente se atribuyen a William Shakespeare? No tengo ningún problema con este punto de partida, una película de Hollywood no tiene la obligación de ser históricamente rigurosa: su único deber es ser divertida, alocada y altamente palomitera. Mi problema viene cuando Emmerich, como parte de la campaña de promoción, graba este vídeo en el que intenta hacer de su película algo que no es, y da diez argumentos para que los más incautos duden y acepten la propuesta de Anonymous como un misterio que tener en auténtica consideración. No. Mi argumento favorito es el tercero (no tengo intención de analizar el resto, pero si a los cuatro que nos seguís os apetece puedo escribir otra entrada): si William Shakespeare nació en una familia humilde, ¿por qué escribía sobre cortes y reyes?¿Cómo sabía tanto sobre las intrigas isabelinas y jacobinas?

Mi intención para la segunda parte de la entrada era dejar que otro contestase por mí. Pretendía pegar aquí un artículo de Simon Leys, pero debido a problemas logísticos (entre el libro y yo median ahora mismo unos 600 kilómetros) intentaré reproducir lo que recuerde de él. Olvidémonos por un momento de Shakespeare y pensemos en otro escritor: Patrick O’Brian. O’Brian escribió una serie de veinte novelas marítimas de gran éxito y que quizá conozcáis por la adaptación que Russel Crowe protagonizó hace unos años titulada Master & Commander. El autor inglés era reacio a dar entrevistas, arisco y poco dado a desvelar datos sobre su vida privada. Algunos años antes de su muerte, cuando ya era un venerable octogenario, O’Brian recibió una carta de uno de sus admiradores: era un magnate estadounidense que le invitaba a pasar un día con él en su yate. A pesar de su fama, y en contra de lo que el propio admirador esperaba, O’Brian aceptó la propuesta. La sorpresa fue total cuando, el autor de una aplaudida saga marítima de 20 entregas, demostró no tener en absoluto conocimientos náuticos. Cero. Ni siquiera era capaz de determinar en qué dirección soplaba el viento tras levantar su dedo humedecido. Más tarde se descubrió que Patrick O’Brian ni siquiera era su verdadero nombre: el autor había dejado atrás su familia y su identidad para dedicarse a escribir.

Ignoro si existe algún grupo de conspiranoicos que defienda la no autoría de Patrick O’Brian. En cualquier caso, dudar, ya sea de O’Brian o de Shakespeare, sólo demuestra una cosa: un pobre concepto de lo literario.

El oficio de Bukowski

Publicado por Carlos Cerdeña el 25.06.2010, en la categoría Cine, Del leer y del escribir, Literatura
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Poética de striptease

Que Bukowski es uno de los autores norteamericanos con mayor éxito en los últimos tiempos es algo que a pocos se les escapa. El cine, por supuesto, ha aprovechado el tirón del modelo dibujado por Charles a lo largo de toda su obra: el patético pero entrañable perdedor, el alcohólico que busca pelea sin razón alguna y se ríe del mundo, el paria que vive fuera del sistema. Hace un par de años la academia de cine americana parecía volverse loca con The Wrestler de Mickey Rourke (actor que ya interpretó a Henry Chinaski hace varios años), una película que incluye casi todos los ingredientes antes citados.

Las novelas de Bukowski también han llegado a la gran pantalla. La última adaptación es Factotum con Matt Dillon (que no nos engaña, sabemos que es el peor de los dos hermanos) en el papel de Chinaski que, por si alguien no lo sabe, es el alter-ego del propio Bukowski. Dejando a un lado la calidad intrínseca de la película, es indudable que la figura del poeta de los suburbios está tratada con un respeto rayano en la idolatría. La cinta no se limita a adaptar la novela, sino que está trufada de poemas y reflexiones muy bien seleccionados, tanto sobre su filosofía de vida, como sobre la relación entre Bukowski y la literatura. Os dejo con un ejemplo:

If you’re going to try, go all the way. Otherwise don’t even start. This could mean losing girlfriends, wives, relatives, jobs. And maybe your mind. It could mean not eating for three or four days. It could mean freezing on a park bench. It could mean jail. It could mean derision. It could mean mockery, isolation. Isolation is the gift. All the others are a test of your endurance. Of how much you really want to do it. And you’ll do it, despite rejection in the worst odds. And it will be better than anything else you can imagine. If you’re going to try, go all the way. There is no other feeling like that. You will be alone with the gods. And the nights will flame with fire. You will ride life straight to perfect laughter. It’s the only good fight there is.

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