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Elogio del escupir

Por 29 de Mayo de 2013
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In your face, Fitzgerald!
Odiar El Gran Gatsby es como escupir contra el Gran Cañón: no va a desaparecer en ningún momento del futuro cercano, pero tú sí que lo harás. La frase lapidaria es del siempre prolífico tuiter de Joyce Carol Oates con motivo del estreno de la película y el consiguiente nuevo boom de la lectura de Gatsby. La imagen es poderosa, pero merece la pena pararse a analizarla un momento. ¿Hasta qué punto es valida la analogía entre la novela de Fitzgerald y el Gran Cañón del Colorado? ¿Está el canon literario esculpido en piedra y sobrevive durante generaciones enteras? ¿Debemos evitar la crítica a los clásicos por el hecho de serlo?

Shakespeare, pieza central (LA pieza probablemente) del canon literario occidental (la alusión a Bloom es constante cuando se habla de canon, ya lo siento pero es difícil evitarle) era un dramaturgo más en su época, todo parece indicar que con menor relevancia que Ben Johnson. La edición de sus obras que llega a nuestros días y que se toma como clásica es de, poco más o menos, un siglo y medio después de la muerte de Shakespeare. Todo esto para decir que pasaron siglos1 antes de que el poeta fuera esculpido en piedra, si es que seguimos la analogía de Carol Oates. Pensando sobre este asunto recordé un artículo de hace casi un año en un blog del New Yorker con el tan elocuente título de Why is literary fame so unpredictable? en el que se aporta un dato curioso: en 1929 se realizó una encuesta a los lectores del Manchester Guardian: ¿qué libros crees que se seguirán leyendo en 2029? Aún no hemos llegado a la fecha, pero ya podemos leer con provecho las respuestas de entonces. Los cinco primeros puestos son, en orden decreciente: el premio Nobel John Galsworthy, H.G. Wells, Arnold Bennett, Rudyard Kipling y J.M. Barrie. Todos siguen más o menos bien considerados, pero son nombres que no entran en ninguna quiniela actual. La mayoría son nombres de tercera fila, siendo generosos en según qué casos.

Este contraste sirve para comprobar que los autores pueden subir o bajar, por mucho que cierto momento nos parezcan inamovibles. ¿Por qué no se les iba a poder escupir? Si la crítica (como ésta a Gatsby) es razonada y con fundamento, ¿por qué no podría expresarse? Las generaciones literarias se caracterizan, de hecho, bien a menudo por ser iconoclastas, por renegar de la herencia recibida y no hay en ello nada nocivo: tener algo que negar puede potenciar la creatividad y allanar el camino. Así, mi consejo es que desoigáis el tuit que abría estas líneas, os llenéis la boca de saliva y escupáis con ganas siempre que lo creáis necesario.

PD: El tema de qué hace a un libro un clásico, por qué Moby Dick o Hamlet seguirán siendo relevantes dentro de 100 años, prefiero dejarlo para otro día.

  1. Una teoría bastante extendida y en absoluto descabellada es que Shakespeare sale a relucir cuando el imperio inglés está en su máximo apogeo. Los británicos necesitaban un producto que exportar, aparte del té, que sintetizase las virtudes de su pueblo, y encontraron en William todas las características que necesitaban. [volver arriba]